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Blog de ONG

Ayuda en Acción recoge en este blog las crónicas enviadas desde las zonas afectadas por el terremoto de nuestra compañera Elyzabeth Rubianes, responsable de comunicación de la Organización en Perú. Las crónicas fueron publicadas en el blog de solidaridad de Kiss FM, junto con las de otras cuatro ONG.

Solidaridad en pie

Con una trayectoria de más de 25 años ejecutando proyectos de desarrollo para la construcción de vidas dignas, hemos hecho un paréntesis en nuestro trabajo cotidiano; cualquier otro proyecto podía esperar, pues esta vez la situación era de emergencia.

Médicos atienden a los damnificados por el terremoto. Elyzabeth Rubianes/Ayuda en Acción Perú.

Así es como después del terremoto del 15 de agosto que devastó la ciudad de Ica, los equipos de Ayuda en Acción nos movilizamos para apoyar a quienes lo habían perdido todo. La ayuda de primera necesidad se hizo presente desde el primer momento: toneladas de víveres, agua, frazadas, ropa, medicinas, en cantidades suficientes para cobijar el cuerpo y alimentar el alma de quienes reciben nuestro apoyo. Las campañas de salud se trasladaron, de una zona a otra, atendiendo a cientos de personas al día y dando prioridad a los más pequeños. Las sonrisas que por mucho tiempo desaparecieron, saludaron nuevamente los rostros de los niños, niñas y adultos gracias a los espectáculos infantiles preparados por el personal de las organizaciones locales. Así, pasado más de un mes de la tragedia, continuamos trabajando junto a las personas afectadas para garantizar cobijo, alimento, medicinas… Mientras, en paralelo, hemos comenzado ya la etapa de reconstrucción, preparando el terreno para la edificación de viviendas dignas, pues si bien las heridas no han cicatrizado, la esperanza abraza a la solidaridad.


Brizza Zuazo
Departamento de Comunicaciones
Ayuda en Acción

La gente detrás de la gente

¿Vas para Lima? ¡Espera, que voy contigo! Me grita mientras corre hacía mi, Lucy Huamán, compañera del equipo de DECAL-Ayuda en Acción en Ica. Está emocionada, contenta, pues hoy, después de un mes, irá a Lima a visitar a su única hija, “su niña” a quien no ha visto desde aquel fatídico 15 de agosto.

Lucy es de Lima, pero trabaja con nuestro equipo de Ica desde principios de este año. Ella es responsable de Educación Temprana y cada fin de semana regresaba a Lima para encontrarse con su familia. Pero el terremoto cambió las cosas y en el último mes, los fines de semana se borraron del calendario, no sólo para ella, sino para todo el equipo. Las urgencias no conocen de descanso.

Reparto de la primera ayuda de emergencia tras el terremoto. Foto: E. Rubianes/Ayuda en Acción Perú

Como Lucy, son muchas las personas de Ayuda en Acción que se han dedicado de lleno a atender a los damnificados del terremoto, dejando de lado sus cargos y las responsabilidades cotidianas. Recorrer las comunidades más afectadas, cargar y descargar camiones, llevar comida, agua, ropa, abrigo, apoyar en las campañas de salud a los médicos, repartir medicinas y hasta hacer de animadores infantiles en los espectáculos para niños, han sido algunas de las tareas principales. En Ica, faltan manos y hay que ser una especie de “mil oficios” para que la ayuda llegue a la gente en el momento preciso.

Trabajadores infatigables

“Es una experiencia indescriptible, llevar ayuda y ver como se organizan las dirigentes de las ollas comunes, me siento identificada ¿Sabes por qué? Porque me hace recordar a mi, cuando empecé de cero, en los arenales de Villa El Salvador en Lima y teníamos que hacer “olla común” para todos los vecinos…Claro no era un terremoto, pero si una necesidad, la que todos los días pasan muchos pobres en el Perú, así vivía yo” Me cuenta Lucy, mientras hace una pausa en su trabajo en el distrito de Santiago. “Estoy contenta, porque sé lo importante que es llegar a tiempo con la ayuda, no cuando se puede, sino cuando se debe y creo que eso lo estamos haciendo bien”.

Para Francisco Pretell, coordinador del equipo de DECAL-Ayuda en Acción en Ica, en cambio, lo vivido en el terremoto fue toda una prueba de fortaleza. “Ha sido muy fuerte, en lo emocional, en lo personal. Como cabeza de equipo en Ica me ha tocado la parte difícil, poner orden en los primeros días… mucha gente del equipo estaba nerviosa por lo que ocurrió, por sus familias, por sus casas, casi todos son de Ica y han sentido en carne propia la tragedia, había que actuar rápido, pero no fue nada fácil, te confieso….por suerte todo eso quedo atrás y en todo momento hemos puesto el hombro”.

A Mary Medina, de nuestra contraparte “Tierra de Niños”, la encontramos días antes, saliendo de Expansión Urbana, una de las comunidades del distrito de Salas Guadalupe, donde estuvo apoyando a los médicos en las campañas de salud en las zonas afectadas. Mary, al igual que otros colegas de Villa El Salvador, San Juan de Lurigancho, Bambamarca, Chota, Lambayeque y otras zonas del Perú, viajó a Ica para ayudar, a ayudar. “Para ser sincera, tenía miedo de ir porque uno nunca sabe qué puede ocurrir en una emergencia, pero te digo, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida….La gratitud de la gente, la expresión en sus rostros cuando sienten que no están solos, eso no se puede olvidar”.

Han sido días difíciles para todos. Cansancio, angustia, insomnio, tensión, tristeza… ¿Quién no ha pasado alguna vez por esto? Al fin y al cabo, somos gente, ayudando a otra gente….nuestra gente….


En Lima, 17 de septiembre 2007.



La importancia de una sonrisa

Son las 4 de la tarde del viernes y el sol no ha dejado de brillar en esta parte de Ica, castigada por la naturaleza. Los alrededores del estadio de Santiago están llenos de gente. Mujeres, hombres, pero en su gran mayoría niños y niñas de todas las edades, corriendo de un lugar a otro, impacientes por ingresar. Hoy no habrá ningún encuentro deportivo, nadie jugará al fútbol, pero la tarde sí que promete sorpresas. Hoy, la sonrisa sale con todo a dominar la cancha.

La mejor terapia Se abren las puertas y los pequeños entran presurosos a buscar las mejores ubicaciones. Mamás y papás los siguen. Lucy Huamán y María del Carmen Mayaupe, colegas del equipo de DECAL-Ayuda en Acción, junto a sus chicos voluntarios de ‘Vínculos Solidarios’ se encargan del orden. “¡Mira, hay unos payasos grandotes! ¡Qué chévere!!!”, escucho decir a uno que corre con sus amigos tras ver a los ‘zanqueros’. Todo está listo para que comience el espectáculo, la risa, el juego. Hoy, aunque sea por un momento, los chicos que sobrevivieron al terremoto dejarán de lado todo lo vivido en esos trágicos momentos.

Los espectáculos ayudan a los niños a superar la tragedia. Foto: E. Rubianes/Ayuda en Acción Perú


Ha pasado casi un mes desde aquel fatídico 15 de agosto, cuando la tierra tembló en Perú. El terremoto en Ica cobró cientos de vidas, dejó miles de muertos, y sin casa a un sinnúmero de familias, pero también a muchos niños y niñas cargados de traumas que difícilmente podrían superar sin ayuda adecuada. ¿Qué mejor que hacerlos reír para comenzar? Parece mentira que algo tan sencillo como una sonrisa sea tan importante para la salud emocional, especialmente de los pequeños.

Así, con la misión de arrancar todas las risas y carcajadas posibles, partieron de Lima los artistas del CIJAC, la Casa Infantil y Juvenil de Arte y Cultura de nuestra contraparte ‘Tierra de Niños’ en Villa El Salvador. Payasos, ‘zanqueros’ y malabaristas se encargaron del espectáculo. El juego, la música y el canto fueron sus mejores armas contra la tristeza.

“Estoy feliz de que estén acá, que se acuerden de los niños…Está bien que nos ayuden con comida porque no tenemos, pero la alegría también es buena para nosotros que andamos tristes”, me dice un tanto apurado Sergio, un niño de 10 años que viene de la zona de Parcona. Y es que Sergio no quiere hablar más, quiere salir corriendo a estrenar con sus amigos del barrio la pelota que le regalaron en el show.

Los payasos hacen de las suyas y Mariana, de 12 años no ha parado de reír y participar en cuanto juego haya podido: “Me encantó todo, sobre todo cuando saltamos la soga con los de los zancos… ¡fue tan chistoso! ¡Ojalá y se quedaran siempre!”. La miro y sonrío un tanto apenada y le digo que no es posible, que hay otras comunidades que visitar. Mariana lo entiende, me da un beso, y pide una foto juntas para el recuerdo. Se la ve contenta. Lo del estadio de Santiago fue sólo una de las 10 presentaciones para niños que Ayuda en Acción, con el apoyo de jóvenes voluntarios, artistas y socios locales, ya ha realizado en Parcona, Salas Guadalupe y otros distritos, como parte del apoyo socio-emocional que viene dando a las familias damnificadas. Cada fin de semana, la historia se repetirá en otras canchas, con otros niños y niñas, pero siempre buscando arrancar una sonrisa, aquella que con el tiempo es capaz de vencer a cualquier mal.

En Lima, 10 de septiembre de 2.007




Volver a Empezar

Mejor nombre no podía tener. A sus 24 años, Indira es Presidenta del Comité del Vaso de Leche del caserío “Santa Dominguita”, en el distrito de Santiago, en Ica y una de las mujeres más respetadas del barrio, que hoy parece un gran campamento, por la cantidad de carpas y chozas que la gente ha improvisado para pasar las frías noches de invierno.

A ella la encontramos, hace algunos días, organizando a su gente cuando con el equipo de Ayuda en Acción entregábamos alimentos y agua a diversas comunidades afectadas en Ica.

Afectados piden ayuda al paso de los convoys de emergencia. Foto: E. Rubianes / Ayuda en Acción Perú

“Ese día pensé que la tierra nos iba a tragar, los postes se movían, las casas se caían y encima se fue la luz, el agua, fue horrible”, nos dice recordando la tarde del 15 de agosto.

“Ahora duermo aquí, con mis dos hijos”, nos cuenta mostrándonos una especie de cabaña hecha con palos y plásticos, justo al frente de lo que queda de su casa.

“Tampoco queremos dar pena, queremos volver a empezar, haremos lo que tengamos que hacer para levantarnos”, me dice una y otra vez con su tremenda voz, como poniendo el parche por si se me ocurría sentir lástima. Todo lo contrario, Doña, mis respetos para usted.

“Hoy comeremos una sopa con fideos y arroz con fréjoles”, comenta sin perder la sonrisa. Indira y sus vecinas se encargan por estos días de la olla común en Santa Dominguita, y su responsabilidad es dar desayuno, almuerzo y cena a unas 80 familias que, como la de ella, se han quedado en la calle.

Tenemos que "chambear"

“Agradecemos la ayuda, que ustedes nos dan porque nos da fuerzas para seguir adelante. ¡Tenemos que comer, pues, para estar fuertes! Sino, ¿quién va a levantar todos estos escombros?”, afirma, mientras bromea con sus vecinos. “Mire señorita, gracias a Dios nadie se ha muerto por acá, tengo mis dos brazos y mis buenas piernas para chambear, estamos completitos y eso es más que suficiente para no echarse a morir ¿no cree?”.

Indira es una de las cientos de madres que conforman los comedores populares en las comunidades afectadas por el terremoto en Ica, y una de las líderes a cargo de las ollas comunes a las que venimos entregando ayuda humanitaria en estos días difíciles para los peruanos. Gracias a mujeres como ella es posible llegar a miles de damnificados, a miles de familias que aunque se han quedado sin techo, sin pertenencias, y sin pan que llevarse a la boca, no han perdido las esperanzas de empezar una nueva vida.

“Si hay algo bueno que sacar de esta desgracia es que nos hemos unido, los vecinos nos hemos organizado no sólo para repartir la comida, sino también para cuidarnos de los vándalos que no han faltado, estamos haciendo rondas nocturnas, y si agarramos a uno, que se olvide, todos le caeremos encima”, me dice y no lo dudo ni un momento. Indira es mujer de armas tomar, dispuesta a ganar cualquier batalla, incluyendo la de la adversidad.

En Lima, 04 de setiembre 2007




El remezón por dentro

Lima, Perú, miércoles 15 de agosto del 2007, hora 6:41 de la tarde. La tierra se sacude furiosa y la gente corre a las calles. El pánico se apodera de los que están en la oficina y, afuera, el caos. Estoy confundida, asustada, pero pienso que no pasará de un susto. Me equivoqué. Van casi dos minutos y esto se pone peor.

6:43 PM. ¡Ya paró! dijimos todos, casi al unísono. Lo que siguió fue un silencio general. “¡Prendan la radio!”, reaccioné. Las noticias no tardaron: “Terremoto, grado 7.9. Epicentro, Pisco, departamento Ica”, apenas a 200 kilómetros de mi ciudad. Poco después, la televisión comenzaba a mostrar la cara más horrible de la tragedia: cientos de muertos regados por las calles, heridos a cada paso, gente desaparecida bajo los escombros y miles de casas destruidas. Ica estaba devastada.

Se respira miseria, se come polvo

Había que actuar con prisa. Mis colegas de Ayuda en Acción en Ica comenzaron a trabajar para atender a los damnificados, la carretera estaba dañada y la ayuda tardaba. Sin techo, comida, agua, electricidad, ni comunicación, la gente desesperaba. En Ica faltaban manos, había que ir para allá.

Henry Cupe, colega de Villa El Salvador, pasó por mí. No estaba solo, lo acompañaban varios compañeros, no sólo de Villa, también de Yancana Huasy en San Juan de Lurigancho, todos con ganas de poner el hombro. Así emprendimos el viaje.

El panorama, a lo largo de la carretera, era desolador. Niños clamando ayuda, familias enteras, con las ollas vacías y peleando entre ellas para coger lo que los pasajeros les tiran desde las ventanas de los buses, corriendo tras los vehículos por una lata de atún, o lo que sea. Se respira miseria, se come polvo. Ica parece haber sido el blanco de un terrible bombardeo.


Julia Montes frente a lo que un día fue su hogar. Foto: E. Rubianes / Ayuda en Acción Perú


"Dios me va ayudar, lo sé"

Llegamos a Sacta -un caserío del distrito de Santiago, en Ica, uno de los más afectados por el terremoto- llevando ayuda humanitaria para aliviar en algo el dolor y el hambre de las familias. Lo primero que llama mi atención es el letrero que doña Julia Montes, una mujer de 70 años, ha colocado a la entrada del caserío, que dice “Casa de Dios, Puerta del Cielo, Cristo nos ampara”. “Que paradójico”, digo en mi interior y hablo con ella: “Mi casa se ha caído, casi me aplasta, ahora no tenemos donde dormir, estamos en la calle. Pero, sabe Señorita, esto va a pasar, Dios me va ayudar, lo sé, estoy rezando”, me dice, y me deja sin palabras. Vuelven a mí las miles de veces que perdí la fe por tantas cosas y pienso que han sido puras estupideces.

Nadie del equipo ha podido dormir bien, no sólo por las constantes réplicas que tienen a los peruanos atemorizados, el intenso trabajo y el trajín de llevar ayuda a decenas de comunidades en Ica, sino también por la resaca de todo lo vivido, de todo lo aprendido.

Hoy, al escribir estas líneas, vuelvo a sentir en mi pecho esa horrible presión, esa que no te deja respirar y que te hace apretar los dientes para no gritar, para no llorar. Me he sentido miserable, y cómo no sentirse así, al ver a un niño durmiendo en la calle, mientras mi cama siempre está caliente, cómo no sentirme culpable cuando he visto a tanta gente correr por un pan, por agua, por algo de abrigo, y uno pensando en los kilos de más, en la película que se estrenará pronto o en lo que hará el fin de semana. El terremoto no sólo remeció la tierra, también mi forma de ver la vida.


En Lima, a 27 de agosto de 2007



 
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