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La sociedad premia estas prácticas
solidarias, cada vez más demandadas. A través
de la publicidad social y del incremento de la reputación
corporativa de la empresa, la opinión pública
se mantiene al tanto de las empresas que apoyan el
desarrollo sostenible.
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Cada vez más, la sociedad y, por lo tanto,
los clientes y asociados desean vincularse a algo más
que productos o servicios, y están dispuestos
a pagar por ello. Las grandes empresas quieren proveedores
y partners que les aporten reputación. Asimismo,
son cada vez más las administraciones públicas
que introducen prácticas socialmente responsables
como criterio en la contratación de sus proveedores.
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La implicación, directa o indirecta, de los
empleados con una causa solidaria, a través
de su empresa, incrementa su satisfacción y
su involucración con la misma, propiciando una
buena predisposición y un cierto “orgullo”
de pertenencia. Esto repercute en una mejora de la
productividad y la fidelidad de los empleados, pudiendo
éstos aportar valores a la organización
con su voluntariado social.
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Deducción de un 100% como gasto de explotación
en las acciones de colaboración y de patrocinio,
y de un 35% en las acciones de donación. Aunque
algunos de estos incentivos fiscales aún son
bajos en España, en comparación con otros
países europeos, las aportaciones de las empresas
a causas solidarias tienen desagravación fiscal
en nuestro país. |