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Hace
25 años, el rápido crecimiento del sector no lucrativo
en España, como respuesta a la dramática situación
de millones de personas en el mundo, invitaba a una profunda
reflexión y, por ende, a la acción.
No podíamos permanecer indiferentes. Mejorar las condiciones
de vida de los más necesitados, así como crear
más y mejores oportunidades para todos y todas era –y
sigue siéndolo– una responsabilidad de cada uno
de nosotros.
De aquí, la importancia de
sensibilizar y educar a la sociedad para promover su colaboración
y su participación.
En la década de los ochenta, las ONG teníamos
que mostrar directamente lo que estaba ocurriendo y recurríamos
de manera frecuente a mostrar de forma clara y cruda la realidad
de estas personas. Para hacer campañas que funcionaran
había que llegar directamente a la conciencia y al corazón.
Progresivamente, la toma de conciencia y madurez de la sociedad,
unidas al convencimiento de que no es necesario recurrir a imágenes
duras para reflejar la realidad, ha llevado consigo un cambio
en la línea de comunicación que, cada vez más,
prefiere hacerse eco de mensajes positivos que animen
y motiven a colaborar.
En la actualidad, la sociedad española conoce ya cuál
es la realidad de los países más desfavorecidos
y estas fórmulas del pasado producirían ahora
una actitud de rechazo. La opinión pública demanda
cada vez más argumentos racionales, de tono positivo,
que resalten la eficacia de los métodos de acción
y transmitan transparencia. Sin embargo, sigue siendo
necesario comunicar las necesidades reales de estas comunidades
y la terrible situación en la que muchas personas se
encuentran.
En este sentido, las ONG se han convertido en verdaderos agentes
sociales con un gran peso específico, no sólo
en la resolución de los problemas de las comunidades
desfavorecidas, sino también en las labores de sensibilización
y educación de la opinión pública, a través
de sus comunicaciones y campañas.
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