Día de la Familia: sobrevivir no es suficiente, hay que reinventarse

El 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. En algunos centros en los que trabajamos en España, muchas de ellas se reinventan y hacen frente a las adversidades a través de la colaboración y el apoyo mutuo.
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Dia de la Famila

Desde hace algún tiempo las calles del barrio de Tetuán, en el norte de Madrid, se han convertido en un lugar de encuentro de familias procedentes de Filipinas, República Dominicana, Rumanía, Paraguay, China… Este barrio se ha convertido en uno de los que más nacionalidades acogen, y aunque la convivencia con otras culturas no siempre es fácil, sin duda está suponiendo una riqueza para el barrio y las personas que viven en él. A mayor confluencia de la interculturalidad, mayor enriquecimiento cultural. Esta riqueza que no solo se refleja en los escaparates de la zona, en la que conviven tiendas donde comprar productos de otros países o locutorios, sino también en el desarrollo comunitario que está viviendo Tetuán desde 2003 y que ha fomentado la participación vecinal entre familias. Este proceso, como todo lo que sucede en el barrio, ha repercutido también en los centros educativos de la zona, que se han involucrado como un miembro más de Tetuán.

Este proceso de desarrollo comunitario está siendo bien acogido por la población quizá por las dificultades que viven día a día las familias de la zona, quienes desde el comienzo de la crisis económica se han visto gravemente afectadas. El 12 % de las personas en edad de trabajar están actualmente desempleadas; de ellas, casi un 20 % son extranjeras. Si desagregamos los datos por sexo, nos encontramos con que el paro afecta ligeramente más a mujeres que a hombres; excepto en el caso de los extranjeros, a quienes el desempleo afecta en mayor medida a los hombres –dato del informe Convivencia Intercultural en Barrios, elaborado por el Servicio de Convivencia Intercultural en Barrios–.

Este hecho, provocado en gran parte por la crisis de la construcción y la dificultad para estos hombres de reubicarse en otros sectores con mayores posibilidades de empleo en la actualidad, ha generado un cambio en el papel de la mujer en muchas familias, que con anterioridad tenían unos roles muy definidos en los que se ocupaban del cuidado de los hijos/as y la casa, siendo el hombre el que trabajaba fuera.

Ahora la mujer se ve en la necesidad de salir a buscar empleo fuera de su hogar. En muchas ocasiones son empleos bastante precarios, generalmente trabajos por horas sin contrato, lo que tampoco facilita un cambio real de roles. Como siempre, son las peor paradas, y al trabajo del hogar (que no se comparte con los hombres) se une el trabajo fuera del mismo.

Sin embargo, si para algo está sirviendo la crisis es para aprender a hacer las cosas de otra forma, para poner la creatividad a trabajar y tejer redes de solidaridad que habían pasado de moda en las últimas décadas. Algunas familias de los 31 centros educativos junto a los que Ayuda en Acción está este curso desarrollando su proyecto de apoyo a la infancia en España, han sabido reinventarse a través de la colaboración y el apoyo mutuo. Las del colegio Pío XII son un ejemplo de ello. Contagiadas por el proceso comunitario que lleva tantos años en marcha en el barrio, con su colaboración están apoyando las iniciativas que Ayuda en Acción desarrolla en el centro desde septiembre de 2014.

Mariam y Rachida son dos madres del centro que, junto con otras familias, están colaborando en el reparto de meriendas para los alumnos y alumnas del centro educativo. Su historia es muy similar a las de muchas otras madres de familia en España. Sus maridos están en paro, aunque cobran una ayuda. Ellas tampoco trabajan, aunque esperan tener pronto una oferta como empleadas de hogar. Sus ingresos no les permiten proporcionar los recursos suficientes a sus hijas e hijos, pero su lucha incansable por salir adelante les ha hecho buscar otras maneras de sobrevivir. Cansadas de subsistir y no llegar a fin de mes, han decidido hacer algo más en el centro, más allá de llevar y recoger a sus hijos e hijas, y así lo demuestran día a día.

Para desarrollar una de las partes de este proyecto, la cobertura de las necesidades básicas de alimentación del alumnado, Rachida y Mariam van a la compra todos los jueves. Recorren distintas tiendas en busca de los mejores precios, porque así llegan a más alumnos/as. Eligen los alimentos con mejor calidad/precio que previamente han escogido con Ana, la directora (aunque confiesan que a veces se salen un poco de la lista, porque saben que no todos los y las niñas comen de todo). Con la compra van hacia el colegio, donde guardan los alimentos en una nevera, y todas  las tardes preparan las meriendas para repartirlas a la salida del cole. Para ellas no solo significa hacer bocadillos, sino sentirse parte de la educación de sus hijos e hijas. Y también apoyar a los niños/as de otras familias como las suyas, para que el estómago vacío no les distraiga ni un momento de hacer los deberes y jugar, algo que la crisis no debería impedir a ningún niño/a.


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